Es una fiesta sorpresa que nos damos a nosotras mismas. A las heridas
amorosas que se curan, que ya no duelen, que se cierran, hay que tomarlas
así: con reverencia. Sucede un día, después de andar penando quién sabe
cómo y cuánto. Nos habíamos quedado lastimadas, como frutas que alguien
muerde y después decide no comer. Como flores arrancadas de su tallo,
como cuentas de un collar desenhebrado. Y sucede de improviso –quizá
porque pasó el tiempo, quizá porque somos sabias – que pensamos en él
o que lo vemos,y es… un hombre,un hombre a secas,un hombre
que ya no nos conmueve. Lo comprendemos con la mente,pero también
con el corazón y necesariamente con las uñas,y las palmas de las manos
y las rodillas y la piel del vientre:hay cicatriz allí donde antes hubo herida.
Capítulo cerrado. Libro leído. Lección aprendida. Flor en su tallo. Fruta intacta.
No hay rencor:hay futuro.
(Sandra Russo, Perdonen nuestros placeres)
(dedicado a quienes tengan que pasar un duelo amoroso o lo hayan pasado, me parece tan justamente escrito… )

Yo también necesito encontrar mi fruta.
Eso es lo que pasa para que ya no duela aquello.
……..
……….
………….
………………