Ella se sintió perforada por esa mirada. Tanto que la soñó esa misma noche, y la soñó con voz: “yo quiero otra cosa”. Ese sueño era el comienzo de un fin… ¿anunciado?
Cuántos años. Cuánto tiempo le llevó reconocer que simplemente había amado a una mujer, y después a otra, y ahora esa mirada también de mujer, desfachatada, violenta, arrasadora… deseaba con toda el alma y todo el cuerpo compartir libremente ese impulso, dejarlo suelto, desanudar esos afectos que, aún cercados, aprendieron a sobrevivir en la oscuridad como mendigos hambrientos y al asalto.
Eso, era ella la que quería “otra cosa”.
Qué amor!!!muy bueno!:)