el principito un día decidió salir de su planeta y recorrer mundos.
yo también decidí un día, hace más de tres años, salir de mi hogar resguardado, vaciar armarios, cambiar la vestimenta y comenzar a extender los límites de mi horizonte.
voy aprendiendo lentamente, muy de a poco, la pequeña sabiduría de quien se sabe huésped, viajer@, peregrin@… no tener demasiadas cosas, no amarrar los amores, estar siempre dispuest@ a partir, saborear la provisoriedad de cada año. no siempre me ha pasado así, la angustia, el temor y la casi desesperación por mi futuro varias veces tomaron el timón en mi vida.
es necesario, siempre, lanzarse a nuevos mundos, como quiera un@ entender esos nuevos mundos. de otra manera, es imposible darse cuenta del valor de tu rosa, descubrir la belleza del pozo de agua, sonreír y asentir al acertado reclamo de un zorro sobre los ritos; a veces con el riesgo de que los baobabs crezcan al punto de hacer estallar el pequeño planeta, sí.
hay personas que consideran superficial eso de viajar, son los que cuentan las monedas y no pueden dejar su oficio, aún disfrazándolo de “oficio importante”. y te miran como diciendo “¿qué vida de joda no?” … sin conocer ese secreto placer de cerrar la puerta de tu casa, bajar las persianas, dejarse provocar por lo que aparezca gratuitamente ante los ojos, lejos…
viajar, secreto placer
Publicado Febrero 18, 2008 crónicas , en minúsculas Deja un ComentarioTags: amor, principito, vida
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